Fotografía
φῶς (phōs / photós) → luz
γραφή (graphé) → escritura, dibujo, representación
“No intento encontrarme a mí mismo en lo que “disparo”, pero tal vez quiero ver la posición del mundo en la que estoy.”
Daido Moriyama
Hola de nuevo y gracias por leer esto que escribí para ti. Muchas cosas han pasado desde la última entrada del blog. Andaba dándome vueltas y recopilando fotografías; eso tomó un tiempo y valió mucho la pena, así que ha llegado el momento de detenerme a escribir un poco.
Por cierto, antes de seguir, puedo comentarles que estoy en unas tierras hermosas de lo que antes se llamaba La República de la Nueva Granada, justo en la capital del Valle del Cauca, aproximadamente a 2,500 km de altura sobre el nivel del mar, a una temperatura promedio de 25 grados Celsius. Me gusta este tipo de temperaturas porque puedo andar con ropa ligera y caminar bajo un bonito sol, si es que las cortinas de agua lo dejan salir un rato; porque, si no lo hacen, estas empapan las calles y humedecen las paredes terracota de los altísimos multifamiliares.
No es por quejarme, queridos lectores, porque hay muchas ventajas en ello, empezando por el verde: no nos falta en todo el año y le da vida a las plantas, pasto y musgo que hay por doquier. En estos lugares se comenta que solo se tienen dos estaciones del año: verano e invierno, debido a la cercanía con el ecuador, y puedo confirmar esa sabrosa sensación de un verano interminable desde que llegué en enero, fecha en la que estoy acostumbrado a traer sudadera y dormir con calcetines. Pero aquí, de vez en cuando, y entre tanta humedad, el aire se siente fresco y el ambiente te empuja a ir por un buzo del armario con olor a guardado.
Aunque también hay desventajas, como agregar algo de peso extra en tu bolso wayuú por el paraguas; y, de ahí en fuera, es exquisito estar por aquí.
Este viaje me ha hecho aterrizar algo que, por los últimos dos años, me he estado cuestionando, y es: ¿cómo hago fotografías sin cámara?
Después de hacerme esta pregunta, paso a la deliciosa modalidad autista y me interno en un viaje de desconexión hacia mis pensamientos, con mi mero yo, y empiezo a imaginarme en situaciones donde estoy frente a una hermosa y gran naturaleza, como una isla paradisíaca con un mar azul profundo y olor a desinfectante de brisa marina; seguido de otro paisaje boscoso y lleno de árboles frondosos, acompañado de un lago y con sutil olor a Pinol. Lugares que ni siquiera había conocido realmente, pero que de alguna forma sabía de ellos gracias a El placer de pintar con Bob Ross. Después de imaginarme todas esas panorámicas, me cambiaba a otro escenario donde tenía que transmitirle todas esas fotografías a alguien, de alguna u otra forma.
En todas aquellas formas tenía que “explicarle cosas” y, hasta ahí, solo era detallar eso que había visto y que en mi mente ahora era difuso. Incluso, en mi forma de explicarle eso a otra persona imaginaria, siempre me sonaba ambiguo y abstracto, frente a lo maravillado que estaba al ver el paisaje que había construido en mi mente: una cosa loquísima que a veces me hago al fundirme en mis pensamientos.
Aunque la intención de “explicar” es muy bonita y todo, me hacía sentir como cuando me toca contar un sueño: que al ir construyendo la historia ya no suena tan emocionante como yo en plena pesadilla; y ese algo no me convencía del todo.
Así pasó el tiempo, y esa pieza que no me cuadraba se fue ajustando en una conversación que tuve con el Damián en Peña de Lobos, cuando él me pidió por la mañana, después de haber acampado con un mendigo frío, que le explicara qué era la resolución en una cámara. Y como a mí me encanta explicar cosas, empezamos por explayarnos en una charla de un montón de temas y más temas, pasando por muchas definiciones y, poco a poco, esa plática nos empujó a llevar a la praxis el título de este post.
Recuerdo que le dije: “Ven, wey, párate ahí y ve esto; ahora imagínate un rectángulo blanco y mira a través de él, donde te indiqué”. Y justo ahí estaba la fotografía: una composición que se formaba orgánicamente y que estimulaba nuestra vista con millones de fotones que pasaban por cada uno de nuestros ojos y que eran transmitidos por el nervio óptico directo a nuestros cerebros para formar colores, captar aromas y sentir el viento; cada uno de nuestros otros sentidos coordinados para que la vista pudiera ser la protagonista en ese momento de atención.
Con todo esto entendí que la función básica de hacer fotografías se reducía a la capacidad de encontrar composiciones que nos provocaran, y que si bien pueda, estas sean presentadas a quien tengamos a un lado.
Desde ese entonces me sitúo en algún lado —como un mirador, una ventana o algún rincón de cualquier lugar interesante a mi mirar, de forma pausada y contemplativa— y recolecto ese recuerdo en mi mente. Que, si bien esa es la función de una cámara al guardar la foto en una memoria SD, y que a su vez esa cámara la guardas en una maleta; y que a su vez esa maleta en un armario o librero para así olvidarla… prefiero llevarla conmigo a todas partes, y que al conocerte, en vez de explicarte lo que vi y si es posible, invitarte a un viaje para hacer fotografías sin cámara.
Musica para acompañar este post:
From the Beginning - Emerson, Lake & Palmer
The Forest - The Cure
Rock the House - Gorillaz
Immersità - Andrea Laszlo De Simone
Red Hands - The Dear Hunter
el paso (with Cuco) - Estevie
Laylow - My Morning Jacket
I Know How To Speak - Manchester Orchestra
Este fue el lugar donde aquel día El Damian y El Ali acamparon:
RICOH GR III HDF
f/4.5 | 1/320 | ISO 400 | Negative Film*
*Fotografias: ALI RODRIGO
